Es común pensar que un niño mejora su control orientado únicamente repitiéndolo cientos de veces en el campo. Sin embargo, la neurociencia aplicada al deporte revela que la verdadera consolidación del aprendizaje motriz ocurre durante el sueño profundo. Dormir bien es una parte fundamental del entrenamiento invisible.
Durante la fase de sueño profundo, el cerebro reorganiza las conexiones neuronales y archiva los mapas motores aprendidos durante el día en la memoria a largo plazo. Si un niño en edad de crecimiento no duerme al menos 9 o 10 horas, el progreso técnico de la sesión de entrenamiento se verá drásticamente mermado.
En Semillero CF concienciamos a las familias sobre la necesidad de apagar pantallas y dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir. Un buen descanso es el mejor aliado para el desarrollo físico, cerebral y académico de nuestros deportistas.