En Semillero CF explicamos a nuestros canteranos que beber agua no es solo para no tener sed, es para pensar mejor. La deshidratación, incluso en niveles leves, afecta directamente a la velocidad de procesamiento del cerebro. Un jugador deshidratado tarda milisegundos más en ver un desmarque o en decidir un regate.
En el neurofútbol, esos milisegundos son la diferencia entre el éxito y el error. Por eso, en nuestros entrenamientos en Valencia, las pausas de hidratación son estratégicas. Queremos cerebros frescos y alertas, capaces de resolver los problemas que plantea el juego con la máxima lucidez posible.