Ninguna instalación escolar o deportiva está 100% exenta de conatos de bullying, pero la clave es cómo se reacciona. El vestuario de un equipo de fútbol base debe ser un santuario de confianza.
Ante la más mínima burla por aspecto físico o habilidad técnica, nuestro cuerpo de psicólogos y entrenadores interviene. Enseñamos a los capitanes de los equipos base a ser protectores de los más vulnerables en lugar de cómplices silenciosos. Para ser admitido en nuestra academia es obligatorio firmar el código de respeto mutuo.